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(Por Mario Alderete, miembro del Secretariado Nacional del Partido Comunista de la Argentina) A los comunistas no nos resulta indiferente el tipo de condena que establezca el fallo del Tribunal ni tampoco la rigurosidad de su cumplimiento.
Estamos en los albores de la sentencia judicial que debe condenar a los acusados, verdugos y esbirros de la dictadura militar responsable del genocidio.
Este juicio, por su naturaleza, tiene una especial trascendencia que nos excede tanto como Partido y como FJC. Y no sólo por la amplia repercusión que ha tenido a través de medios escritos y audiovisuales, sino porque la demostración palmaria del martirologio a que fue sometido el Negrito y su madre, pinta a los autores materiales e intelectuales como lo que efectivamente fueron: sujetos conscientes cuya acción delicuencial se inscribió dentro del plan integral sindicado como terrorismo de Estado.
Pero también, debemos decirlo, es un triunfo político de nuestro Partido, de la FJC y de los familiares del Negrito, en particular de Iris (su mamá) y de Floreal (su papá) ambos camaradas que jamás se declararon vencidos y supieron con sacrificio y alta moral de combatientes revolucionarios, sobreponerse al dolor, al largo tiempo transcurrido y a las trabas políticas y procesales impuestas por sucesivos gobiernos “democráticos” y por jueces vinculados a la dictadura militar.
Esa valiente actitud, reconocida y valorada por propios y extraños, enaltece el orgullo comunista.
Sin equívocos, sin autosuficiencia, pero portando una estimulante carga de ética y moral revolucionaria, queremos ratificar que este juicio es un triunfo político de nuestra Organización y nuestra aguerrida Fede. Hemos impuesto nuestro reconocimiento como querellantes y junto a la defensa de nuestra identidad y nuestra cultura, alegaremos demostrando que la ideología comunista fue una de las causas que motivaron el ensañamiento con el Negrito y con Iris.
Es claro que sería una verdad histórica mutilada si no agregáramos que hubiese sido imposible llegar a este punto en la larga batalla de 32 años, si el campo popular y sus diversas vertientes, junto a los organismos de derechos humanos, en primer lugar la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, no hubieran desarrollado una múltiple y tenaz acción esclarecedora, movilizadora y organizativa.
Tampoco hubiera sido posible sin la valiente y eficaz actividad de nuestros abogados quienes, en su doble calidad de intelectuales profesionales del derecho y políticos revolucionarios orgánicos, fueron no sólo destruyendo las argumentaciones de la defensa y las argucias del Tribunal, sino plantando verdaderos hitos que impugnaron los límites de la estrategia jurídica burguesa.
El enemigo interno y externo ha tomado debida nota de los avances que vamos logrando, nosotros y todos los sectores populares, particularmente expresados en el juicio y la condena a Camps, a Menéndez, a Bussi y otros asesinos semejantes.
Ese enemigo quiso amedrentarnos haciendo deaparecer al compañero Julio López, en plena “democracia” y por el cual reclamamos su aparición ya. Continúa su tenebrosa acción amenazando a través de diversos métodos propios de bandas mafiosas, como ser, llamadas telefónicas, seguimientos y hasta secuestros. Nada de eso logró acallar las voces que claman por juicio y castigo.
Por eso ahora, con el juicio que involucra al Negrito, están ensayando otra metodología que naturalmente se agrega a las anteriores. A saber: la Presidente de la Cámara, en diversos momentos del proceso y por medio de actitudes e interpretaciones reñidas con elementales normas del derecho tanto nacional como internacional, ha intentado impedir que sigan avanzando las sentencias condenatorias que penalizan en forma ejemplar a los querellados y a la vez, tratar de dificultar la demostración fehaciente de que en el caso emblemático del Negrito, se está frente a una acción deliberada de persecución idelógica anticomunista que se propuso exterminar a la cultura revolucionaria y su práctica castigando hasta el martirio a quienes eran sus auténticos portadores. La historia demuestra que fue una tarea en vano pero que dejó miles de víctimas y una profunda herida en el sentimiento popular.
Por esa razón, entre otras, no nos resulta indiferente el tipo de condena que establezca el fallo del Tribunal ni tampoco la rigurosidad de su cumplimiento. Todo lo contrario y si bien es cierto que esa condena no hará desaparecer los dolores causados a la familia del Negrito, a sus amigos, a los compañeros y camaradas de la Fede y del Partido, no es menos cierto que contribuirá a potenciar la moral y las ansias de justicia de todos los familiares de los 30.000 desaparecidos, servirá para mantener encendida la llama de la memoria histórica y para estimular la movilización popular en aras de apurar los juicios pendientes rompiendo las trabas impuestas por la acción concertada de sectores del Poder, político y económico,la derecha de toda laya y la Justicia, que apuestan a que la muerte biológica o la insania de los asesinos se los lleve como Pinochet o como Almirón: sin ninguna condena.
El alegato que harán nuestros abogados en representación del Partido y de la Fede apuntarán, desde el planteo jurídico fuertemente concatenado con sólida argumentación política, a la conquista de justicia para ir retaceando el todavía amplio espectro de la impunidad, e irán mas lejos, seguramente cuestionarán la falsa “institucionalidad” sobre la que se asienta la vigente estructura jurídica de clase.
Es claro que para que exista una verdadera justicia sostén de otro tipo de institucionalidad al servicio de los intereses de los trabajadores y el pueblo, habrá que destruir para siempre la sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre y construir la alternativa que, basada en el poder popular, sea capaz de edificar una sociedad superadora: el socialismo. |